... justa, pacífica. Casi todo ser humano, regenerado o no regenerado, prefiere la paz a la guerra, la justicia a la opresión y el orden al caos. Así que en cierta medida es posible el progreso social. Creo que tiene un cierto grado de equilibrio afirmar lo siguiente: «Es imposible perfeccionar la sociedad, pero es perfectamente posible mejorarla».
Veamos cómo Pablo nos recuerda la paradoja del ser humano: «Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su hijo, el cual resucitó de los muertos a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Ts. 1:9-10). Por un lado, el ser humano debiera convertirse a Dios y ponerse al servicio de Dios y del prójimo, y en consecuencia contará con la ayuda de la presencia y el poder de Dios para cambiar y mejorar su mundo. Pero por otro lado, no logrará perfeccionar su mundo, porque la maldad humana seguirá operando y será juzgada y eliminada por el Señor Jesucristo en su venida. Así que, servimos al Dios viviente haciendo buenas obras y procurando cambiar y mejorar la sociedad, mientras esperamos la perfección y el juicio final que traerá Jesucristo en su venida.
En conclusión, debemos recordar nuestro llamado como cristianos al doble-escuchar. Es decir, la mente cristiana estará atenta a la revelación de Dios para tener una perspectiva realista y teocéntrica de la vida, y estará atenta al mundo para poder saber actuar concretamente en la historia haciendo el bien y combatiendo el mal. Una mente cristiana no se ocupa solamente de Dios, sin reconocer e involucrarse en la realidad humana, no es escapista. Una mente cristiana tampoco se fija solamente en el mundo de los hombres, ni trata de interpretarlos y cambiarlos a partir de una perspectiva y recursos netamente humanos. No es ni optimista sin fundamento, ni pesimista sin esperanza. La mente cristiana tiene que escuchar a Dios y al mundo que le rodea.
Esta tarea de formar una mente cristiana que escucha a Dios y al mundo no es tarea de cristianos solitarios. Es más bien una tarea que requiere de una comunidad cristiana en conjunto. La Iglesia ha de ser, en la práctica, una «comunidad hermenéutica». Parte de la tarea de la Iglesia es escuchar la Palabra de Dios juntos para descubrir la mente de Dios, y escuchar juntos la realidad actual para entender lo que está sucediendo. Es en este «doble-escuchar» a la Palabra y al mundo, ...